EL SECRETO DEL GOZO

Isaías 16 describe vívidamente lo que le pasa a una nación orgullosa que cae bajo el juicio de Dios. Isaías aquí está profetizando a Moab, un enemigo de Israel: “Hemos oído la soberbia de Moab; muy grandes son su soberbias, su arrogancia y su altivez; pero sus mentiras no serán firmes.” (Isaías 16:6).

A través de las escrituras, la nación de Moab sirve como un símbolo. Ella representa a toda la gente que confía en sí misma, que ha dado la espalda a Dios y ha caído bajo juicio. En cada caso, el Señor envía su ira sobre tales naciones. Aquí Isaías profetizaba no solamente acerca de las naciones bíblicas, sino acerca de sociedades caídas en toda la historia, hasta nuestros días. El profeta advierte, en esencia, “Toda nación orgullosa enfrentará la ira de Dios.”

Moab fue advertida reiteradamente sobre su pecado. Pero ellos rechazaron todas las misericordiosas suplicas de Dios. Esta gente no quería nada con Jehová Dios. En cambio, ellos comenzaron a perseguir a su pueblo. Como resultado, los juicios de Dios contra Moab fueron severos. Una horrible sequía destruyó sus campos y sus viñas. La devastación fue tan terrible, que se decía que las lágrimas del profeta fueron el único riego que recibiría la tierra (ver 16:9).

A través del libro de Isaías se mencionan muchos juicios similares. Sin embargo, una frase en particular aparece una y otra vez para describirlos: “Quitado es el gozo y la alegría del campo fértil” (16:10). Simplemente dice que; en un momento había prosperidad, saciedad y abundancia, pero de repente, en un instante, toda esta bendición se desvaneció.

En los tiempos bíblicos, la cosecha siempre era un tiempo de grandes celebraciones. Después que el juicio cayó sobre Moab, ya no había gritos de “¡Cosecha!” sonando por las calles. Dios dijo: “en las viñas no cantarán, ni se regocijarán; no pisará vino en los lagares el pisador; he hecho cesar el grito del lagarero” (16:10).

Cualquier señal de alegría en Moab era cosa del pasado. Ahora, en cambio, una nube de tristeza y pesar cubría la sociedad. Encontramos una descripción similar de Moab en Jeremías 48. Según Jeremías, todo el gozo y la alegría fueron quitados porque Moab cayó bajo el juicio divino, y en lugar de ellos, había un terrible y solemne silencio.

La vida para los soberbios y orgullosos que se levantan encontra de Dios sera espantosa.
. Durante este tiempo de juicio, todo el gozo y la alegría serán quitados de los impíos. Al mismo tiempo, al pueblo de Dios se le dará un espíritu de gozo y alegría: “Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sión con alegría: y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.” (Isaías 35:10).

Jesucristo es la única fuente de todo gozo y alegría. El salmista dice de él, “Dios…te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros.” (Salmo 45:7). El óleo mencionado en este Salmo representa el Espíritu Santo. El escritor está diciendo, “Sólo aquellos quienes perseveran en caminar íntimamente con Jesús obtendrán el gozo de su Espíritu.”

En el pasaje anterior, Isaías nos narra que en medio de los tiempos oscuros que vienen, un remanente de Dios despertará, y ellos serán sostenidos por el Espíritu de Cristo, obteniéndolo y poseyéndolo y sustentándose de él. En estos días de duro juicio, el Espíritu de gozo y alegría que reside en Cristo será de ellos, y no habrá condición, circunstancia o persona que pueda robarles el gozo.

Sin embargo, será una historia distinta para la iglesia que se ha deslizado o vuelto atrás. El profeta Joel nos dice que a una iglesia “derribada e inútil por el pecado” le será cortado este gozo y la alegría: “¿no fue arrebatado el alimento de delante de nuestros ojos, la alegría y el placer de la casa de nuestro Dios?” (Joel 1:16). Simplemente establece que la religión muerta no tiene gozo en ella.
La Iglesia Católica, después de los recientes escándalos de sexo con los niños que envuelven a sacerdotes, muchas iglesias católicas han venido a ser como depósitos de cadáveres. Miles han dejado la iglesia, por tristeza y pesar, o por temor por sus hijos. Es casi imposible encontrar cualquier “óleo de alegría” en las iglesias católicas ahora.

El mismo espíritu de muerte está llenando también a muchas iglesias protestantes. Los jóvenes y las jovencitas están entrando a los seminarios solo para que les roben la fe. Les enseñan a no creer en el cielo y el infierno, la Resurrección o el nacimiento virginal. No es de esperar que las iglesias que ellos pastorean estén muertas. Cuando Cristo no está presente, no puede haber gozo o alegría pues Jesús es la única fuente de todo esto.

Puede que no haya gozo y alegría en una sociedad perversa, entre los impíos, o en iglesias formales muertas, pero Isaías habla una palabra de esperanza para los justos:

“Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley” (Isaías 51:7). Dios aquí está hablando a todos aquellos que le conocen y le obedecen, y él les da un amoroso reproche:

“Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como el heno? Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir.” (Isaías 51:12-13).

El Señor está diciendo, “¿Por qué has olvidado quien yo soy?” ¿No soy yo el mismo Todopoderoso que destruyó a tu enemigo Egipto? Yo herí a esa poderosa nación con grandes juicios, y yo te liberé con poderosos milagros. Yo abrí el Mar Rojo, y tú caminaste seguro. Yo te guardé y preservé a través de todo esto.

“Yo sé que estás enfrentando un nuevo día de dificultades, tiempos dificiles pero todavía soy tu poderoso libertador. Yo te he creado, y puedo guardarte, yo extendí los cielos y puse los fundamentos de la tierra. Tú lo sabes. Y a pesar de esto, has olvidado rápidamente mi poder a tu favor. ¿Dónde está el enemigo que pueda herirte? Nadie puede hacerte daño, porque yo te sostengo en la palma de mi mano.”

Nosotros que conocemos la justicia de Cristo,
no debemos vivir como los que
no tienen esperanza.

Nosotros hemos sido bendecidos con el amor y el temor de Dios, y su voluntad para nosotros en los tiempos más terribles y oscuros es darnos su gozo y alegría. Incluso cuando veamos los juicios cayendo a nuestro alrededor, debemos cantar, gritar y regocijarnos–no porque el juicio ha llegado, sino a pesar de eso.

Isaías 51:11 comienza con la palabra “Ciertamente”, dando por entendido que “simplemente en virtud de lo que he dicho.” ¿Qué es lo que Dios ha dicho aquí? Él le recordó a su pueblo; “(Yo) transformé en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos” (Isaías 51:10). Él estaba diciendo, “Yo todavía soy el Señor, el Anciano de Días, el obrador de milagros, y mi brazo es todavía poderoso para librarte.”

Entonces, ¿qué es lo que Dios desea que su pueblo sepa a la luz de esta verdad? Él lo dice todo en un versículo, Isaías 51:11:

“Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando…” En otras palabras: “Yo tendré un pueblo que vuelva a mí con confianza, fe y seguridad. Ellos apartarán sus ojos de sus condiciones y de las calamidades que los rodean. Y ellos volverán a tener su canto de alegría.”

“y gozo perpetuo será sobre sus cabezas.” El gozo que experimentará el pueblo de Dios no será tan solo por un domingo en la mañana, ni por una semana o un mes. Durará todo el año, en tiempos duros, hasta el mismo fin.

“…y el dolor y el gemido huirán.” Esto no significa que todos nuestros sufrimientos acabarán. Significa que nuestra confianza en el Señor nos pondrá por encima de toda aflicción y prueba. Tales cosas no podrán robarnos nuestro gozo y alegría en Cristo.

“Tendrán gozo y alegría.” Dios miro a través de las edades y dijo: “Yo tendré un pueblo con gozo, tómenla, poséanla. Echarán mano de ella y será suya.”

Aquellos que obtengan su gozo serán unos de los más grandes testimonios del poder de Dios en la tierra. Piense en lo que esto significará cuando nos golpee el peor de los tiempos. Mientras los corazones de los hombres fallan en ellos, y la sociedad se entumece, un pueblo humilde estará confiado en medio de todo esto. Y ellos irradiarán un gozo y alegría sobrenaturales.

David escribio acerca del poder sanador de la alegría: “Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste…Hiciste subir mi alma del Seol…Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.” (Salmo 30:2-3, 11-12).

Las Escrituras dicen que el gozo del Señor es nuestra fortaleza.
Hay muchos que están atados por cadenas de miedo y preocupación. Se preocupan por el futuro, su salud, sus hijos, el pánico creciente en el mundo. Si esto se aplica a ti, recuerda las palabras del Señor: “¿Quién eres tu para que temas y te inquietes? ¿Acaso ya no soy tu Dios Omnipotente? ¿No he sido fiel en tu vida? Todavía eres una oveja en mi rebaño, y yo he prometido que haré un camino para ti. Por lo tanto, ¿por qué te has olvidado de Mí?”

Entonces, ¿cómo podremos obtener gozo y alegría en un mundo golpeado por el pánico y que está enloqueciendo? Isaías nos da la respuesta. Primero, él describe la condición de los tiempos que él veía: “Prevaricadores han prevaricado; y han prevaricado con prevaricación de desleales. Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra… Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio…y se agravará sobre ella su pecado” (Isaías 24:16-17, 19-20).

Esto suena exactamente como la condición actual del mundo. Los gerentes de negocios han prevaricado, han repartido en forma fraudulenta y están siendo llevados a la cárcel. Nuestra tierra esta soportando desastres naturales uno tras otro, y la gente está temblando en absoluto temor. Verdaderamente, yo creo que Isaías estaba viendo nuestros días.

Pero mientras Isaías vio a la tierra tambaleándose bajo los juicios de Dios, él vio algo maravilloso que superaba todo. Esta visión lo llenó de regocijo. Él declaró “Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza.” (Isaías 25:1).

El profeta está diciendo, en esencia: “Señor, tu maravillosa guía ha venido sobre tu pueblo. Tus nuevas misericordias y tu fidelidad están en camino, ningún ser humano nunca ha visto lo que tú estás a punto de hacer.”

¿Qué es lo que Dios está a punto de hacer? Primero, él destruirá todo enemigo violento de su iglesia: “Porque convertiste la ciudad en montón, la ciudad fortificada en ruina; el alcázar de los extraños para que no sea ciudad, ni nunca jamás sea reedificado. Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas” (Isaías 25:2-3).

Aquí está lo que causaba regocijo a Isaías. En medio de toda la violencia, de furiosas tormentas, de desastres en las naciones, del aumento de la maldad, Isaías vio la mano de Dios revelando su poder: “Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro” (Isaías 25:4).

¿Qué quiere decir Isaías al hablar de “turbión contra el muro?” El muro es Jesucristo, nuestro protector y defensor. Isaías vio que la tormenta golpeaba contra este muro pero no lo pudo mover. De hecho, ninguna tormenta podría jamás sacudirlo. Jesús reina como Rey sobre toda tormenta, y su pueblo está seguro dentro de su muro.

Isaías también vio un pueblo “pobre y menesteroso” en completa desgracia. Él estaba hablando de las personas sin trabajo, sin finanzas, los desamparados, los hambrientos. Isaías dice que en aquél día, Cristo mismo será la fortaleza y refugio para esta gente. Él se hará cargo personalmente de todas sus necesidades.

Isaías también vio un monte, donde
tomaba lugar un banquete
abierto para todos.

“Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos.

El monte al que Isaías se refiere aquí es un monte de oración. En los tiempos más oscuros, el profeta vio un pueblo de Dios ascendiendo a la mesa del Señor a través de la intercesión, y ellos festejaban con él en intima comunión. Ellos compartieron “gruesos tuétanos”, o aquello “que hace brillar el rostro.” Esta grosura representa el aceite del Espíritu Santo. En esencia, esta gente estaba tan llena del Espíritu Santo que resplandecía.

Aquí está la imagen que hizo regocijar a Isaías: en un tiempo de violencia y caos total, el pueblo de Dios se puso de rodillas, y festejaron a la mesa de Dios, obteniendo poderosos recursos para enfrentar la tormenta.

“Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones” (Isaías 25:7). A este pueblo de oración se le estaba quitando el velo que les impedía una mayor visión de Cristo. Dios estaba abriendo sus ojos sobrenaturalmente, y ellos ya no podían ser engañados por cualquier enseñanza o doctrina falsa.

Yo alabo a Dios por la maravillosa visión de Isaías. A través de este pasaje, el profeta nos ha dado el secreto para obtener el espíritu de gozo y alegría. Se trata de ir a la oración, de esperar en el Señor. Él nos salvará en aquel día, porque nos encontraremos dentro de sus muros.

Esta seguridad nos hace valientes testimonios de la bondad de Dios en medio de cualquier tempestad. Cuando aquel día venga, el mundo entero nos mirará y sabrá que: “La esperanza de los justos es la alegría” (Proverbios 10:28).

EL SEÑOR NOS AYUDE