“LA RECOMPENSA DE LOS VALIENTE Y LA PAGA DE LOS COBARDES”

La diversidad cultural es riquísima en nuestros países. Podemos decir que ese mestizaje de culturas es el resultado de la mezcla de los diferentes pueblos y razas que hoy conviven aquí. Por eso, muchas costumbres son traídas de afuera y, de cierta forma, acaban formando parte de la propia cultura de un país ingenuo. Es el caso del Día de Brujas o Halloween, que cada año engaña a más desprevenidos.

Pero, al final, ¿qué significa realmente esa fiesta? ¿Qué influencia puede ejercer en el ambiente cristiano? ¿Cuál es el origen de este evento?

¿Cuál es el origen de Halloween?

Al contrario de lo que muchos creen, Halloween, o, Dia de Brujas, no nació en los Estados Unidos. En realidad, se cree que la fiesta de Halloween se practicó hace más de 3.000 años, cuando surgió en el Reino Unido, entre el pueblo celta, en la celebración del festival llamado Samhain.

Este festival comenzaba el 31 de octubre, donde se conmemoraba la cosecha y el pasaje del año celta. Este acontecimiento estaba impregnado de muchas creencias, y una de ellas es que en ese día los muertos se levantaban para apoderarse de los cuerpos de los vivos. Con base en esa creencia, se inició la costumbre de vestir fantasías. Y así el nombre “Dia de Brujas” surgió un tiempo después, cuando la Iglesia en la Edad Media pasó a condenar el evento.

Otro cambio significativo fue la alteración del calendario cristiano, que alteró la fecha tradicional de la conmemoración del Día de Todos los Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre. Este cambio fue hecho en el intento de sacar el carácter pagano de la fiesta que ocurría un día antes, el 31 de octubre.

Y así, el nombre de Halloween es el resultado de la unión de las palabras hallow, que significa “santo”, y eve, que significa “víspera”, siendo el evento conocido, en la época como “All Hallows Eve”. La fiesta, por lo tanto, fue incluida en Estados Unidos con la colonización de las tierras americanas, y actualmente ya forma parte de la cultura de los países americanos.

De esta forma, todos los años, el 31 de octubre, se festeja Halloween en los Estados Unidos y en los países de Latinoamérica En ese día, los niños salen a las calles con disfraces, llamando a la puerta diciendo la famosa frase “trick or treat”, que en español significa “dulce o travesura”, recibiendo del dueño de la casa una porción de dulces.

Además, todas las calles y casas reciben la decoración de temas típicos de la temática, así como: brujas, calaveras, vampiros, fantasmas, zombis, murciélagos, gatos, etc. Sin embargo, el principal símbolo de la festividad son las calabazas decoradas con velas.

Repito,entonces, a partir de los Estados Unidos, la fiesta también llegó a Colombia y a otros países de América Latina,. Aunque no es una festividad de la misma proporción que en los Estados Unidos, podemos percibir su popularidad infernal cada año.

Curiosidad

Curiosamente también algunos cristianos conmemoran, el 31 de octubre, el Día de la Reforma Protestante. De hecho En Brasil, también es el Día de la Proclamación del Evangelio.

Halloween y la vida cristiana

Muchos están tomando esta “fiesta” simplemente como algo cultural, mientras le dan lugar al diablo por medio de la ignorancia. Por ello es muy importante educar a los niños en este sentido, ya que en diversos lugares intentan inculcarles este acontecimiento como algo lúdico, divertido.
¡Error fatal!
Como Cristianos no debemos olvidar el origen de esta “fiesta”. No es una celebración inocente.
Es de origen hechicero y pagano esta es un idea original que brotó de la boca del infierno.
¡El Señor lo reprenda!

HOY DECLARAMOS, GUERRA ESPIRITUAL

Dios levanto una mujer llena de autoridad espiritual, ella fue la líder de una gran batalla contra los enemigos de Jehova.
Su nombre: Debora

Después de acabada la batalla, el Espíritu Santo condujo a Débora a este cántico profético. En él es proferida la bendición para una persona, Jael, en contraste con los moradores de Meroz, que recibieron maldición de parte del Señor. Cuán solemnes son estas palabras de las Escrituras.

¿Y por qué hubo maldición sobre los moradores de Meroz? El texto de las Escrituras nos aclara: «Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová, al socorro de Jehová contra los fuertes» (Jueces 5:23).

¡No vinieron en ayuda del Señor y sus valientes! Esta fue la razón. Para nosotros, esto puede sonar muy duro, muy fuerte, pero es la palabra del Señor. El juicio aquí no es de Débora ni de Barac, sino del Señor mismo.

Aquel que juzga todas las cosas con justicia, aquel que escudriña la mente y los corazones, aquel que conoce todas las motivaciones de nuestro ser, es quien dice: ¡Maldecid!

Mis queridos, esta situación de Meroz nos habla del peligro que corremos al no ir a la batalla del Señor después de haber oído el toque de su trompeta llamándonos. Cuando la trompeta sonaba para la pelea, los moradores de Meroz se quedaron inmóviles y no dieron ni un paso a favor del socorro del Señor ni de sus valientes. ¡Por eso fueron maldecidos!

Esta palabra debería inspirarnos temor. ¡Cuán seria es! Si tú ya has caminado un tiempo con el Señor, si ya no estás en la niñez espiritual, conoces esto y estás de acuerdo conmigo. El Señor nos ha llamado para pelear la buena batalla, y hacer caso omiso a este llamado nos puede acarrear consecuencias extremadamente serias en el tiempo presente y principalmente cuando vuelva el Señor Jesús.

Los moradores de Meroz no fueron. La oportunidad de pelear la batalla del Señor y de los suyos no fue aprovechada. Nos parece que se esperaba que ellos hiciesen aquello que realizó Jael. No sabemos con exactitud lo que pasó, mas ciertamente ellos no fueron a la batalla por algún motivo más comprometedor que Rubén, Dan, Galaad y Aser.

¿Se habrán burlado del Señor y de aquellos que iban a la batalla? ¿O intentaron hacer lo mismo que aquellos espías cuando llenaron de incredulidad el corazón del pueblo (Números 13:25-14:12) para no ir a la guerra? Tal vez dijeron: «Ustedes no pueden ir contra los carros de hierro de Jabim y Sísara; serán totalmente derrotados», despreciando así la voz de mando del Señor para avanzar contra el enemigo. Otra posibilidad es que no hayan creído a la voz de mando del Señor y por miedo no atendieron al llamado para la batalla.
Era tiempo de adversidad; mas, como había una promesa del Señor de darles la victoria, ellos deberían haber ido al frente, pero se quedaron inmovilizados en sí mismos.

Qué contraste en relación a Jael. ¡Su actitud fue coronada de bendición!

«Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heber ceneo; sobre las mujeres bendita sea en la tienda» (Jue. 5:24). Jael, probablemente era una persona simple, no alguien de renombre, no era una de las valientes de Israel, ni aun era judía. En verdad Jael y Heber su marido tenían vínculos con el rey Jabim (Jue. 5:17). Mas, en un momento crucial, ella tomó la decisión de pasar al lado del Señor y Su pueblo, rompiendo los lazos con aquel que era un enemigo declarado del pueblo de Dios.

Ella no tenía en su tienda ningún arma especial para la guerra. ¡De hecho, ella no tenía ningún arma! Mas, en un acto de fe en favor del Señor y de Su pueblo, ella destruyó al comandante del ejército enemigo. A causa de esto, su nombre quedó grabado eternamente por el Espíritu Santo como una que sería bendecida entre las mujeres.

Jael representa a aquellos que por amor al Señor se identifican con Su pueblo y Su propósito. Representa a aquellos que, aunque no tengan muchos recursos en sí mismos –aun desprovistos de dones, de muchos talentos– aprovechan las oportunidades dadas por el Señor y se posicionan del lado del Señor.

He tenido el privilegio de conocer a muchas personas que no están entre aquellos que son reconocidos públicamente, que parecen no tener don alguno, pero que aprovechan cada oportunidad dada por el Señor de actuar como verdaderos soldados de Cristo. Están siempre testificando de su fe en Cristo a sus vecinos, a sus colegas de trabajo. Mantienen una vida oculta de oración con Dios en favor de la iglesia y de aquellos que no conocen al Señor. No son ministros de la palabra, no tienen ningún ‘cargo’ entre los hermanos con los cuales se congregan… ¡Pero cuán fructíferos son en el reino de Dios!

¡A cada oportunidad dada por el Señor de servirle, de levantarse por la causa del Señor, ellos no se restan! Son como Jael. Aunque no tengan las ‘herramientas’ adecuadas para el servicio, mas en la fuerza del Señor realizan lo que es necesario hacer.

Mi querido hermano y hermana, ¡no desprecies los comienzos pequeños! No desprecies el don que hay en ti, aunque sea en pequeña medida. Comienza a servir al Señor en la condición que él te constituyó. Asume tu posición como soldado de Cristo, aunque aparentemente, a los ojos de los hombres, tú seas como Jael, sin condición alguna para la guerra. Recuerda, esto es sólo aparente, pues la palabra de Dios te confirma que tus armas no son carnales, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas (2ª Cor. 10:4).