LAS TRES BENDICIONES

Aquellos que tienen un sentido profético de la historia notan que hace cuarenta años atrás, en mitad de los años 60, fue como si el enemigo se levantase del abismo para atacar a la iglesia. Cuando eso sucedió, empezaron a ocurrir tremendas cosas muy malignas. Israel fue atacado y hubo un intento de destruirlo, y también la iglesia fue asediada en muchos lugares.

Sabemos también que en esa época empezó la Revolución Cultural en China. Millones de cristianos fueron perseguidos y asesinados. Hubo una erosión en naciones que hasta entonces había sido piadosas. Los valores y la vida familiar tuvieron un quiebre y empezaron a producirse muchos divorcios. En los Estados Unidos, los ‘hippies’ introdujeron el ‘amor libre’ y una nueva concepción de la sexualidad. Asimismo, se empezó a manifestar una gran rebeldía contra las autoridades establecidas, y también en esa época surgieron imperios malignos.

Pero Dios reaccionó contra ese ataque maligno. La Biblia nos dice que cuando el enemigo viene como un río, el Espíritu del Señor levanta bandera contra él. Hubo una reacción de parte de Dios, y empezamos a oír acerca de algo nuevo:

Un grupo de misioneros llenos del poder del Espíritu Santo fueron levantados por Dios y miles de jóvenes fueron salvos. Y en China, como en Chile (años 60) y en los Estados Unidos, Dios derramó su gracia, como una reacción al mal que se estaba levantando.

La Biblia nos dice que cuando abundó el pecado sobreabundó la gracia.

Algunos cristianos estudiosos revisaron algunas estadísticas, y quedaron sorprendidos con lo que allí descubrieron. Ellos reunieron datos de todas las misiones alrededor del mundo, y comprobaron que hubo un momento específico en el tiempo en que los números diferían totalmente de la historia de las misiones cristianas.

Particularmente en las tres décadas desde 1970 a 2018, descubrieron estadísticas asombrosas.

Las denominaciones tradicionales (asambleas, cuadrangulares, bautistas, presbiterianas,
Panamericanas, metodistas,etc…. se quedaron con su tasa habitual de crecimiento de los años 40 ó 50,
Todo un fracaso.

Parece que en estos últimos treinta años, hay más de quinientos millones de personas nacidas de nuevo’. ¿Qué estaba sucediendo?

Ellos miraban las estadísticas de sus propias denominaciones, y no veían ningún crecimiento superior a lo normal. Pero entonces empezaron a conocer informes de Misiones no oficiales que Dios estaba levantando : iglesias que comenzaron reuníendose en casas, iglesias que no tenían pastores con un entrenamiento formal de seminarios tradicionales. iglesias que no tenían edificios.

En China, en las iglesias por las casas, hay registrados 71 millones de cristianos en los últimos treinta años. La sangre de los mártires cristianos que padecieron en la época de la Revolución Cultural ha sido la semilla de muchos otros que vinieron al Reino.

Entonces los estudiosos de las misiones tuvieron que inventar una nueva categoría, y llamaron a esta gente ‘los cristianos de la Gran Comisión’.

No saben cómo catalogarlos. ‘Son Cristianos si, pero es gente que Dios levanto de la nada para traer un despertar y una renovacion mundial.

Y es aquí en este contexto donde entendemos porque Dios para este tiempo ha levantado Renovación Para las Naciones.
Dios se cansó de iglesias que se enriquecieron y perdieron el fuego misionero. Dios se cansó de viejas denominaciones que permitieron la entrada de las ideas humanas y sacaron el Espíritu Santo.
Entonces, la BENDITA Paloma del Espíritu busco y busco hasta que anido en corazones simples sin pedestales humanos, sin reconocimientos mundanales y con ellos comenzó a renovar el mundo.
Bendita Gracia,Bendita Misericordia.
Es una nueva categoría, pero es ahí donde está creciendo el reino de Dios. ¡GLORIA AL ETERNO!

Hay una obra levantándose en todo el mundo. Por la gracia de Dios, muchos están viniendo a su Reino. Él dice: «Id a las encrucijadas de los caminos, y que se llene mi casa». Y él está haciendo esto en los últimos días. Hay una cosecha que está ocurriendo ahora.

Ahora este privilegio que Dios nos concede trae GRACIA, GLORIA pero tambien tribulación.

La habitación de la gracia

Miren lo que dice la Escritura en Romanos 5:1-2. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes…». ¡Cuán maravilloso es estar firmes en Su gracia!

Por la fe entramos a la habitación de la gracia, donde estamos firmes. ¡Cuán maravillosa es la habitación de la gracia! Y tenemos paz con Dios. Entonces puedes probar un poco de esa paz. Fuimos justificados por la fe.

Todos estamos juntos en la habitación de la gracia, felices de permanecer aquí. Pero, ¿quién es digno de estar en la habitación de la gracia? Ah, todos nosotros tenemos una necesidad espiritual. Y a pesar de que somos pobres, hoy nos alimentamos de la mesa del Rey, y nos parece que podemos comer, comer y comer en esa habitación de la gracia. Pero nunca debemos olvidarnos de predicar el evangelio de la gracia a los que están perdidos. En estos últimos días, las personas están muy hambrientas.

Tú simplemente vas a alguien que está quebrantado, y puedes decirle: ‘Ven y prueba que el Señor es bueno’. Mucha gente está siendo salva por la gracia.

A la gloria a través de la tribulación

Pero esta Escritura que leímos en Romanos 5 nos dice que algo sucede. Un día, mientras estamos comiendo en la habitación de la gracia, regocijándonos en la gracia de Dios, yo miro por la ventana de la esperanza, y a través de ella veo otra habitación. Es la habitación de la gloria.

Nosotros vivimos en la habitación de la gracia, pero vamos en dirección a la gloria. Hoy disfrutamos todos los beneficios de la gracia de Dios, pero un día tú miras por la ventana, y ves a Jesús en gloria, ves al amado de tu alma, lo ves en toda su hermosura, y empiezas a desear ir a él. La esperanza de gloria se fortalece en nosotros. El versículo 2 dice que no sólo estamos firmes en la gracia, sino que también nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
¿Cuánto alimento de su gracia nos da el Señor antes que miremos a su Hijo? Todas estas bendiciones, tan maravillosas como son, no son comparables con conocerlo a él. ¿Ya miraste por esa ventana?

Para muchas personas, ser cristiano es simplemente recibir bendiciones. Y en verdad, como cristianos, tenemos muchas bendiciones. Pero así como cuando Jesús caminó sobre la tierra y alimentó a las multitudes, muchos comieron el pan, pero pocos miraron por la ventanilla y vieron a Jesús, el pan vivo que descendió del cielo.

Por detrás de toda esta gracia, tenemos que ver al Yo Soy. Vemos a Jesús y lo anhelamos. Y empezamos entonces a vivir la vida cristiana, no por lo que él hace, sino por lo que él es. Entonces Jesús nos dice: «Venid a mí», porque él quiere transportarnos de la gracia a la gloria. Y Juan nos dice que cuando miramos a Jesús, todos tomamos de su plenitud, y gracia sobre gracia. Ese es el mirar de la gracia. Pero cuando le miramos por segunda vez, y vemos su gloria, él empieza a transformarnos de la gracia a la gloria.

¿Cómo hace él esto? ¿Cómo nos conduce de la habitación de la gracia a la gloria? En este pasaje, Pablo nos lo revela.

Hay un camino desde la habitación de la gracia hasta la habitación de la gloria, y es a través del pasillo de la tribulación. Nosotros recibimos su gracia, y ésta nos hace agradecidos y dichosos. Pero la gracia no nos cambia. Si vamos a ser transformados a su gloria, entonces la cruz tiene que empezar su obra en nuestras vidas, y empezamos a ir a Jesús a través del pasillo de la tribulación.
¿Ya has experimentado eso?

Hay muchas personas que han sido traídas al Reino, pero tú y yo sabemos que este es sólo el principio de la obra de Dios en el mundo. Él tiene que traerlos a su Reino, y de allí a su ciudad. ¿Qué significa eso? Que no sólo tienen que ser traídos a su Reino, sino también llevados ante su trono, donde él gobierna. Entonces, Jesús les dice a esos nuevos cristianos en su Reino: «Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame».

Y empezamos a experimentar la obra de la cruz, que nos lleva a los pies del trono de Jesús como nuestro Señor y Amo. Cuando eso empieza a ocurrir, el trabajo aún no está terminado. Él no sólo quiere llevarnos a la ciudad, sino también a la casa. Y para eso, la cruz tiene que hacer su obra completa en nosotros. El Señor tiene que eliminar de nosotros aquellas cosas de nuestra carne, de nuestra vida natural, que son un obstáculo para que estemos en su casa.

Su casa es preciosa. Él no puede permitir que en ella haya ladrones, no puede permitir que allí haya ambición, no puede permitir que allí haya malicia corazones dobles llenos de hipocresía y resentimiento.

La obra final en la casa de Dios es traernos a un lugar de amor. Este es el inicio, por la gracia, pero hay una habitación final. Dios desea una casa donde haya ese primer amor, y cuando él tenga esa casa, entonces el Señor descenderá y nos tomará a sí mismo. Él está aguardando a que la novia se prepare, a que la casa sea edificada.

Por eso no debe sorprendernos si nos encontramos en el pasillo de la tribulación. El Señor ha empezado a trabajar en tu vida.

Hay que pasar por el camino de la cruz para llegar a ser parte de esa iglesia. De esa forma, el Señor tiene que tratar con cada uno de nosotros.

Muchos de nosotros vivimos por nuestra propia fuerza, por la fuerza de nuestra mente o de nuestra personalidad. Pero el Señor nos lleva por el pasillo tortuoso de la tribulación, para quebrantar nuestra fuerza natural, y muchas de las cosas en que poníamos nuestra confianza son removidas, porque él quiere que aprendamos a confiar en él.

Ese pasillo de la tribulación puede ser un tiempo muy difícil. Pero, ¿qué sucede cuando pasamos por él? A veces el pasillo es difícil, pero al pasar por él nos encontramos con el Señor Jesús, y empezamos a aprender de él en la comunión de sus sufrimientos.

¿Qué dice Pablo que ocurre a medida que pasamos por ese pasillo? Cuando vivimos esos momentos difíciles, Dios está realizando su obra. El versículo 3 dice: «Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia».

En el momento de ser salvo, nadie tiene mucha paciencia. Amamos al Señor, pero somos muy impacientes. Oramos por algo y lo queremos ahora. Entonces el Señor empieza a enseñarnos paciencia. Y después de aprender paciencia, aprendemos carácter.2 Y aunque el pasillo es difícil, allí se forma el carácter de Cristo en nosotros. Por eso la obra de la cruz es tan importante.

Y a medida que pasamos por el pasillo, él nos da esperanza. ¿Y por qué esa esperanza no avergüenza? Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Nosotros conocimos el amor de Dios cuando fuimos salvos. Pero al transitar por ese pasillo, somos cautivados por su amor, porque cuando llegas al fin de ti mismo, ahí él te abraza y te sostiene. Cuando nosotros somos infieles, él permanece fiel, y cuando confesamos nuestros fracasos, él nos trata como a sus propios hijos.

Pablo sabía lo que significaba pasar por el pasillo de la tribulación, pero también él encontró allí al Señor Jesús, y fue cautivado por él. Pablo sabía que había cometido muchos errores. Pero él dice: «Por su misericordia no nos desanimamos».

El Señor te está llevando por un pasillo, porque él quiere producir algo precioso en ti. Si vamos a pasar de la habitación de la gracia a la habitación de la gloria, tenemos que pasar por ese pasillo. No hay alternativa. Es en ese pasillo que Dios realiza una sustracción espiritual.

Juan el Bautista fue el primer matemático, nuestro profesor de matemática espiritual. Juan dijo: «Es necesario que él crezca y que nosotros mengüemos». Eso quiere decir que hay una sustracción para ti y para mí. Y cualquier cosa que es sustraída de nuestra vida, es reemplazada por Cristo. Entonces somos llenos de la vida de Cristo, aun en el pasillo de la tribulación.

Continuará…