Parte 2 ¿DONDE HABITAS? ¿EN EL TEMPLO HISTÓRICO? ¿EN LA HUMILDE ALDEA?”

Marcos 11:12-14. «Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.»
Tal vez nosotros no entendemos por qué nuestro Señor maldijo esta higuera. Pero si usted estudia su Biblia, verá que la higuera representa la nación de Israel, y que Dios deseaba obtener algo de Israel.
En el libro de Jueces vemos que el propósito de Dios con la higuera son sus frutos. Por eso, cuando nuestro Señor vio aquella higuera llena de hojas, pero sin ningún fruto, él profirió una maldición. ¿Por qué? Porque nuestro Señor no desea pretensión. Si no hay frutos, ¿por qué hay hojas? Cuando tenemos hojas, nosotros impresionamos a las personas con ellas. Es como la historia de Israel: ellos tenían el monte del templo, y tenían un hermoso templo. Pero cuando no hay realidad, cuando solamente estamos impresionando a las personas con edificaciones, entonces eso es pretensión. Y si Dios todavía ama aquel árbol, él desea que ese árbol sea honesto. Si no tiene fruto, entonces ¿por qué no se seca hasta la raíz? Sea honesto.
Hoy Dios odia la pretensión. Nosotros los cristianos no debemos mentir, pero algunas veces tenemos una apariencia externa; damos a las personas una impresión errónea. Sin embargo, la realidad no está allí. Cuando los discípulos dijeron: «¡Qué bello templo!, ¡qué bellas piedras!», nuestro Señor dijo: «Viene el día en que no quedará piedra sobre piedra de este templo». Nuestro Señor dijo a Jerusalén: «Voy a dejar tu casa desierta».
En el comienzo él habló de «la casa de mi Padre». Pero luego él fue tan desengañado, que fue a ver la higuera con puras hojas. Cuando la casa de Dios es solamente una cáscara vacía, es engañosa.
Aunque Cristo ame su pueblo , no olvidemos que el juicio comienza por la casa de Dios.
Muchas iglesias perdieron su realidad –nosotros lo hemos visto a través de la historia.
El judaísmo tenía la revelación que vino de Dios. Gracias a Dios, la iglesia, que fue edificada por Cristo mismo, tiene el Nuevo Testamento. Tenemos toda la revelación de Dios. Pero la pregunta es esta: ¿Dónde está la realidad?
El secreto de la higuera
Si volvemos a Marcos capítulo 11, la Biblia dice: «Él no halló nada sino hojas, pues no era tiempo de higos». Tenemos un problema aquí. Si no era tiempo de higos, ¿por qué nuestro Señor buscaba higos? Si no era tiempo de higos, es claro que nuestro Señor no iba a encontrar ninguno. Pero aquí tenemos una cosa muy interesante de por qué Betania representa la realidad espiritual de la iglesia.
Necesitamos conocer la historia de las higueras en la Tierra Santa. Ocurre que hay dos cosechas de la higuera. Una es llamada el fruto del invierno, la otra es el fruto del verano. Depende entonces de cuándo usted busca fruto. En realidad, nuestro Señor esperaba los frutos del invierno. Aquellos frutos que habían pasado a través del invierno. Entonces, cuando viene la primavera, uno va a encontrar los frutos de la resurrección. Esto tiene que ver con un principio espiritual. Si algo puede alimentar a las personas; si algo puede satisfacer a nuestro Señor, siempre tiene que pasar primero por el invierno. Primero está la muerte, después la primavera de la resurrección.
Durante el invierno, uno encuentra que no hay hoja alguna.
La mano despojadora de quita todo de ese árbol. Tiene solamente las ramas, pero ni hojas, ni frutos. Pero si uno mira las ramas, ve una cosa interesante: todavía están allí las marcas de los frutos. En el tiempo de invierno, uno todavía puede encontrar los hoyos aquí y allá a lo largo de la rama. Ellos son el indicio de que el fruto estuvo allí. Y cuando viene la primavera, los frutos siempre surgen donde están aquellas marcas. Es muy interesante.
Hay una regla en el reino vegetal de nuestro Dios: normalmente tenemos primero las flores, luego el fruto. Mire usted cualquier árbol: siempre va a haber flores primero y después el fruto. Pero la higuera no. Por eso es que en chino nosotros traducimos la higuera como una fruta sin flor, porque nadie ha visto la flor de la higuera. El secreto es ese. Si uno quiere conocer la realidad de la higuera, nosotros debemos saber que su flor brota, pero no delante de nosotros. Ningún ojo humano puede ver florecer esta flor.
En la primavera, su pequeño fruto, de acuerdo con el Cantar de los cantares, es llamado el fruto verde. No es del tamaño del fruto final, es más pequeño, del tamaño de una cereza. Es un fruto no maduro. En la primavera, cuando están los frutos verdes en las ramas, ocurre una cosa muy interesante: las flores están brotando dentro del fruto. Los frutos tienen un orificio, por donde entra la abeja y hace su trabajo de polinización. Ahora sabemos que sí la higuera florece, pero con una belleza interna.
Este proceso no es para que el mundo lo vea y lo alabe. Esa es una característica de la higuera.
En una higuera nosotros hay flores, pero su belleza es una belleza interna.
«Cristo en nosotros la esperanza de gloria». cuando la vida de Cristo habita en nosotros, cuando el Espíritu Santo está trabajando en nosotros, hay un proceso de maduración en marcha. Sólo el propio Dios puede apreciar la belleza de este proceso de crecimiento. Esta es la característica de la vida de Cristo en nosotros.
Es esto lo que el Señor está buscando. En la primavera, este fruto verde es formado, y entonces empieza el proceso de maduración. Pero hay una cosa muy importante.
El lapso entre la primavera y el verano es el tiempo más importante.
Es el tiempo de la prueba. Este fruto verde tiene que aprender una lección: cómo habitar en la rama, porque un día vendrán los vientos, y será probado. Si aquel fruto verde permanece en la rama cuando el árbol sea sacudido, entonces en el verano, será un fruto maduro. Será un hermoso y maduro fruto de higuera.
Todos los granjeros saben muy bien. Cuando ellos miran a la higuera, no están buscando el fruto maduro, sino el fruto verde. Ahora, si uno no encuentra ningún fruto, ¿qué significa eso? Que no ha pasado la prueba. Significa que cuando vino la tormenta, ellos no pudieron permanecer. Si uno no encuentra ningún fruto en una higuera, no hay esperanza de cosecha. Por esa razón el Señor maldijo el árbol.
No solamente importa el proceso de crecimiento, sino que todo opera juntamente, es decir, lo exterior también. Entonces tenemos el viento que sopla del norte, y el viento que sopla del sur, el que sopla del oriente y el que sopla del occidente. Algunas veces es un verdadero remolino. Así, todas las cosas cooperan juntamente para que podamos ser conformados a la imagen de Cristo, para que podamos tener una cosecha.
Dios estaba esperando una cosecha del pueblo de Israel. Pero lamentablemente nuestro Señor no encontró ningún fruto. El pueblo de Israel tenía una maravillosa historia, algunas veces pasaron por tiempos muy difíciles, pero cuando prosperaron, ellos fracasaron. No pudieron pasar la prueba. Por eso uno no veía nada sino hojas. Por eso el Señor profirió una maldición sobre él.
Cuando el ejército romano tomó la ciudad de Jerusalén en el año 70, aquella higuera en verdad se secó. Y más que eso, la nación de Israel desapareció de sobre la faz de la tierra. Pero gracias a Dios, nuestro Señor profirió también otra profecía. El dijo: «Un día cuando vean la higuera floreciendo de nuevo, el Hijo del hombre está a las puertas». en el año 1948, el 14 de mayo, todos nosotros fuimos testigos del renacimiento de la nación de Israel.
El pueblo de Israel estaba vagando en el desierto, y entonces ¿quién tomó el lugar de Israel? La Iglesia de Dios fue la que tomó el lugar de Israel. No podemos olvidarlo: Betania representa a la iglesia de Dios. ¿Por qué? Esto es muy interesante.
Betania representa la realidad de la iglesia
¿Cuál es el significado de «Betania»? Betania significa «casa de higos». Todos los frutos están allí, por eso es llamada «casa de higos». Pero aún más sorprendente: en griego, Betania significa «la casa de los higos no maduros». ahora uno entiende. Significa que, aunque ellos no estén maduros, no estén perfectos, si uno encuentra frutos no maduros, un día habrá una cosecha. Ellos no son perfectos, pero un día ellos serán conformados a la imagen de Cristo.
Recordemos: La operación del Espíritu Santo tiene dos aspectos; uno es interior, como aquella abeja que está trabajando en el interior del fruto. El Espíritu Santo habita en nuestros espíritus. Esa es una parte de la obra del Espíritu Santo. Él intenta hacernos madurar por medio de la operación de la cruz. Eso es en lo interior. Pero hay otro aspecto: también vemos que todas las cosas cooperan juntamente. Entonces uno descubre que todo nuestro ambiente se vuelve un fiel siervo de Dios. Esta es la operación externa del Espíritu Santo a través del ambiente. Así, a través de este camino, nosotros vamos siendo madurados.
Betania significa que ellos no están completos, que no son perfectos. Betania es la casa de los higos no maduros. Cuando uno ve el árbol lleno de frutos verdes, eso es muy diferente de Israel. Esto significa que nuestro Señor ha encontrado su realidad aquí. Por eso nuestro Señor pudo encontrar su descanso en Betania. Eso es muy, muy importante.
Nosotros no debemos procurar tener una apariencia externa, sino tener la realidad interior. Si tenemos esta realidad, entonces en verdad nuestro Señor va a encontrar su descanso en nuestro medio. Entonces podremos decir que, por la gracia, la iglesia en verdad es la casa de Dios.
Finalmente, vamos a recordar que antes de la ascensión de nuestro Señor, él llevó a sus discípulos hasta Betania. Betania está ubicada en el Monte de los Olivos. Y nuestro Señor ascendió a los cielos desde allí. Cuando él ascendió a los cielos, su rostro estaba vuelto hacia su pueblo, y sus espaldas estaban vueltas hacia Jerusalén. Cuando nuestro Señor ascendió a los cielos, todo lo que él veía eran las lágrimas de María, a Marta, Lázaro y todos sus discípulos.
Hermanos y hermanas, el mundo es atraído por las apariencias externas, porque los edificios impresionan.
Pero cuando nuestro Señor ascendió a los cielos, sus espaldas estaban vueltas hacia Jerusalén. Aunque Jerusalén haya sido llamada la ciudad del gran Rey; aunque la presencia de Dios haya estado allá antes, aunque la gloria de Dios estuvo allá antes, cuando la realidad se fue, no quedó piedra sobre piedra, porque se tornó una cáscara vacía.
La iglesia de Dios ha pasado por casi dos mil años, y si uno mira toda su historia, encuentra que es una bella historia: la presencia y la gloria de Dios estuvieron en ella antes, ¿pero qué sucede hoy? Dios está llamando Lázaros, Dios está llamando Marías, Dios está llamando Martas.
Las Marías. En todo tiempo, cuando uno los mira, ellos están a los pies de nuestro Señor Jesucristo.
Ahora, ¿por qué tenemos que estar siempre a los pies de nuestro Señor Jesucristo? porque no hay otros pies como los suyos, que fueron perforados cuando murió por nosotros en la cruz. Cuando uno ve esos pies con las marcas, nos hacen recordar la historia de la cruz, aquel amor que nunca nos dejará. Cuando uno es tocado por ese amor, uno no puede hacer otra cosa sino ofrecerse a sí mismo como un sacrificio vivo. Uno desea quebrar el vaso que contiene el perfume de nardo puro, y derramarlo todo. Para que toda la casa se llene con el olor del perfume.
Son pocas las personas que se atreven a ser desperdiciadas para el Señor, se atreven a romper su vaso de alabastro, si cada uno presenta su cuerpo como un sacrificio vivo. Entonces : «nosotros somos el testimonio de Cristo». Lo importante es que cuando alguien venga a nuestro medio descubra que la casa está llena del olor del perfume. Eso es la iglesia de Cristo. Eso es lo que el Señor está buscando hoy antes de su regreso.
QUE EL SEÑOR NOS AYUDE.